... a Addis me despisto y negocio con el taxista el viaje hasta el hotel. Vale pero de paso, y para aprovechar el viaje, va a llevar a la mujer que se me caia encima, una de esas que vemos de negro hasta los pies y que solo muestra una cara muy dulce y sus manos, ella va al aeropuerto. Que jodio, estabamos al lado del hostal y yo le pague pensando que estabamos en la otra punta de la ciudad. Siempre se aprende de los taxistas.
Para vengar a Amaia lo primero que hago es visitar el museo etnologico (no te has perdido nada) caminando desde el hostal, refugiandome de una chupa de agua tremenda en un ciber, por un atajo que voy descubriendo gracias a mimagnifico sentido de la orientacion.Completo la visita con un paseito por la universidad que, por cierto, tiene ese ambiente de gente joven y alegre peopio de todos los campus.
Zampa y obligado zumito preludian esa siestecita reparadora pero caigo en la tentacion y me voy a por otro masajito, se ha hecho muy tarde para la siesta, estoy relajadisimo y no puedo evitar tirar hacia el hostal donde me vence la pereza, se acaba el dia tempranito y la noche festiva que tenia pensada se evapora con mi sopor.
El jueves me despierto soñando con Turquia y me decido, esta noche intentare el asalto asi que ultimas compritas, ultima engira, untimo cafelito en el music cafe, ultimos paseos por Piazza y a la noche petate y taxi al aeropuerto.No resulta facil embarcar, me hacen esperar a que hayan facturado todos los pasajeros y al final, el empleado de Turkish me asigna asiento y me permiten embarcar. Menuda sorpresa, tengo el asiento de pasillo al lado de los dos unicos que van vacios, a dormir tumbadito en tres plazas, los de al lado me miran con envidia.
jueves, 16 de septiembre de 2010
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