….. ahora que está con terremotos y tsunamis.
No tuve tanta suerte como la otra vez y el vuelo hasta Bangkok ha sido en clase turista, aunque con bastante espacio porque el Jumbo venía un poco vacio. Con el atontamiento propio de la vigilia de la noche anterior, las casi 12 horas de vuelo y el mareito del cigarro que me fumo en la pecera del aeropuerto nada más salir, me sumerjo en la ciudad que está despertando y llego al barrio mochilero de Kao San road, ya empiezo a recuperar sensaciones aunque un cielo tan encapotado no era precisamente la referencia que yo tenía.
Como soy un pelas, autobús público de un sitio a otro, ya echaba yo de menos esos desvencijados trastos con asientos de madera sobre estructura de hierro pintada y recubiertos con ese plástico, siempre aspirante a cuero, de los años 60, el suelo, bastante limpio, de tarima de madera y con motores cuyo sonido desmonta toda lógica mecánica.
Después de las gestiones en la embajada, mucho más sencillas de lo que esperaba, habrá algún problemilla para encajar el vuelo hacia Yangon pero todo se solucionará, ya he tomado mi primer pad tai especiado por mí que me ha traído bonitos recuerdos de mi anterior estancia.
Ahora, parcialmente recuperado, a preparar las actividades de mañana, a buscar esos creps de leche condesada que llenaban de jugos gástricos mi boca mientras los veía preparar y a por ese "oil massage", al que soy adicto.