
……. que hacer el jueves hasta la noche, así que paseítos por lugares donde colorido, olores, sabores y todo tipo de sensaciones me devuelven a tres años atrás. Sigo erre que erre con las comidas y cae otro masajito antes de que vaya a encontrarme con Steen, un amigo de Amaia y ambos esperemos su llegada. Se me había olvidado recordarle que hacían falta dos fotos y una fotocopia del pasaporte para tramitar el visado pero en esta calle y en esta ciudad se pueden conseguir tantas cosas aunque sean las once de la noche. El viernes corriendo al consulado a tramitar la visa que la entregan por la tarde dos horas y media antes de la salida del vuelo. No contábamos que el famoso sky tram (metro) y el nuevo ramal de tren tardasen más de hora y media en llevarnos hasta Suvarnabhumi y perdemos el vuelo. En coche aún estaríamos en el atasco. La pereza por ir de vuelta a la ciudad después del carrerón, tener que buscar alojamiento y volver de madrugada hace que nos decidamos por una noche bohemia en este aeropuerto, donde confluye todo el mundo y que no conoce el descanso. Exactamente lo que me pasó a mí que pase la noche en vela y espiando el ir y venir de todos. Embarcamos tempranito el sábado, después del desayuno cortesía de la Thai me ataca la modorra pero, debajo de mí, el espectáculo del golfo de Mottama, lo que se me antoja un mar de chocolate, hace que me mantenga despierto hasta el aterrizaje. A la llegada, todos los temores sobre los estrictos que pueden ser en aduanas y controles de pasaporte se revelan falsos. Todo corre deprisita y enseguida contactamos con el chaval que el hostal ha enviado a buscarnos. Cielo sin una sola nube y mucho calor.
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