...... teníamos contratada una excursión que nos llevase a ver Borobudur y Prambanan. Normalmente para moverte por tu cuenta en transporte público tienes que emplear varios “bemos” con sus consiguientes tiempos de espera y en este caso el tiempo lo podemos emplear en otras latitudes así que nos decantamos por la opción “excursiones” que además no salen mucho más caras.
Borobudur, el más famoso, comparado con Angkor y Bagan, nos impresiona. Una enorme estructura cuadrada con 118 mts de lado y 12 niveles de altura, unos 1200 años de historia frente a nosotros. Extremadamente limpio y cuidado. Las mejores fotos con los cuidadores que, espátula y brocha en mano lo mantienen en esas condiciones. En el museo y alrededores se acumulan restos que esperan que alguien los coloque en su lugar. La vista desde lejos nos obliga a pararnos para tomar fotitos y llegar tarde a la cita con el chofer y las dos insulsas holandesas que vienen con nosotros y sufren mi típica impuntualidad “spanish, we know”
Tras muchas fotos volvemos a Yogya, hay que documentar el robo por si aparecen los documentos, visitamos a la policía turística que nos lleva en coche oficial (sin esposarnos) a la central, con muy poca actividad, esta ciudad debe de ser muy segura cuando no hay manis que es por el día. Isa pone la correspondiente denuncia y nos reímos de todo. Una merecida cena en un restaurante local pone el punto final.
A unos dos kms uno chiquitín, Candi Pavon y a otros 2 de éste otro algo mayor Mendut componen la visita a la zona.
El conductor nos lleva a un restaurante-factoría-tienda de artículos de plata y recuerdos varios. El hecho de que sean las doce y los precios de la carta hacen que pasemos el break de charleta a la sombrita, Isa es definitivamente lo mejor del viaje.
El conjunto de templos de Prambanan, de unos 240 quedan en pié 16, es igualmente bonito y su visita se edulcora con las explicaciones que nos dan dos quinceañeros aprendices de guía que, amablemente, nos piden permiso para acompañarnos y hacer su clase práctica. Ella lleva la dulce voz cantante y nos suelta toda la retahíla de dioses y diosas hindús, al principio de forma atropellada, nerviosa y recién aprendida y posteriormente con mejor pausa y naturalidad. Se disculpa con las escenas del Kamasutra que a nosotros nos divierten y sirven para posados. Curioso que ellos, jovencitos musulmanes, conozcan tanto de historia hindú, forma parte de la cultura de su país.
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