…… es el pico más alto de la isla de Lombok en su noroeste, algo más de 2.700 mts y ese era el trekking que teníamos fijado y nos había costado algunos millones de rupias.
Tempranito, aunque con casi una hora de retraso, nos recogen en el hotel y nos llevan, junto a una pareja suiza, hasta Senaru donde nos explican el recorrido y dejamos el equipaje. Componemos el grupo inicial la pareja suiza, una holandesa, una francesa y una chica también suiza. Desde allí, después de registrarnos en la oficina del parque nacional, iniciamos la subida por un difícil camino que discurre por un espeso bosque tropical con bastantes paradas para recuperar aliento.
En la pausa de la comida se nos juntan al grupo seis más, dos chicos nórdicos, un solitario australiano y dos hermanos canadienses, junto con un nuevo guía, esto hace que seamos demasiados aunque con dos guías catorce guiris es demasiado . En tres etapas de 1, 2 y 3 horas respectivamente alcanzamos los 2.600 mts de altitud habiendo recorrido algo menos de 8 kms, estamos en Plawangan, borde del muro que rodea el lago Rinjani. La dureza del recorrido y el frío que hace en esos parajes no me deja apreciar la belleza de las vistas, sólo me permite tratar de recuperarme porque éste está siendo el trekking más duro de mi vida y a Isa le está resultando un paseíto. Pasamos la noche en nuestra tienda de campaña abrigados con todo lo que podíamos y escuchando cantar al viento que sopla muy fuerte.
El amanecer del martes nos muestra cuán bonita es la naturaleza en ese lugar y se completa cuando, después del desayuno, subimos los últimos metros que nos coronan al mirador, Plawangan, desde el que contemplar el lago con su cráter. Un ratito para llevarnos en la cámara esos deliciosos momentos y comenzamos a descender por un pedregoso y bastante escarpado camino.
Vuelta a las orillas del lago y comida con siesta incluida, reconfortante.
Comenzamos nuevamente a subir, esta vez en dirección al pico más alto, esos 600 metros se me hacen bastante duros pero finalmente llegamos al campamento donde haremos noche y desde el que se culminan los últimos 1000 metros para llegar a la cima. La panorámica sigue siendo espectacular, especialmente por la amplitud de visión. Esos famosos últimos metros, según dicen muy duros, se me antojaron demasiado esfuerzo, despertar a las 5, caminar por más de una hora, a oscuras, sobre ceniza volcánica con viento muy frío, renuncio para disfrutar de la comodidad y calorcito del saco.
Mi decisión condiciona a Isa que se queda conmigo y ninguno de los dos completamos la subida.
Al amanecer disfrutamos de un rico desayuno acompañados por un enjambre de monos y con unas maravillosas vistas, nos espera la bajada hasta Sembalun donde nos recoge un camión y hacemos un recorrido peculiar en su caja, apelmazados y por sinuosas carreteras para recoger el equipaje en Senaru y desde allí cada mochuelo a su olivo.
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