lunes, 11 de julio de 2011

Tempranito …

…tren hacia Bogor, una hora, en la espera conocemos a Arinto que se convierte en nuestro ángel custodio. Hijo de uno de los directores del parque botánico más importante de Java, localizado en ésta ciudad, regenta  su “home stay” en el que somos sus únicos huéspedes y disfrutamos de una noche después de que nos enseñe el parque y todas sus dependencias, museo incluido, así como la ciudad con bonitos sitios como Salak, un romántico aunque turístico rinconcito con deliciosos jugos y algún que otro ratoncito, sus hermanas mayores se pasean por las calles. El calor y los mosquitos hacen de la noche una pesadilla, “nunca mais” sin aire acondicionado.
El sábado autocar hasta Bandung, para hacerlo en tren, como era mi deseo, tendríamos que haber vuelto a Jakarta y tomado otra línea diferente. Arinto nos acompaña a la terminal, previa compra de lociones varias contra los mosquitos y nos deja bien instalados en el autocar que, algo más de tres horas después dejamos en una de las de Bandung. Desde allí un “bemo” (furgonetilla para transporte público)  nos apróxima al centro. Sabiamente reponemos fuerzas con una deliciosa comida en un local para después ponernos a la búsqueda de alojamiento. Nos cuesta algo pero encontramos “Hunny”, regentado por Michael y su familia, es un hostal que se convertirá en nuestra guarida por unos días.
Michael tiene unos mapitas fotocopiados con bastante información interesante sobre excursiones a realizar y detalle del transporte a utilizar y precios. El domingo 10 nos decidimos por los volcanes del norte, Tangkuban y sus cráteres Ratu y Upas así como el de los geiser, Domas. Todo el entorno en una atmósfera de vapores sulfurosos y exuberante vegetación. Es evidentemente una zona espectacular y muy visitada pero impresiona. Para relajarnos de las caminatas nada mejor que un atardecer en el romántico “Gracia hot springs” con sus tenues luces en el ocaso y sus piscinas de azufradas y calientes aguas, inolvidable.
La excursión del sur tenía que ser cortita por el viaje de la noche y nos decantamos por el lago Patengan. A 44 kms de Bandung  en los que empleamos  tres horas cambiando 5 veces de transporte.
Ardua tarea algunas veces. El lago en si, pequeñito, no la justifica pero la belleza de los campos de té que lo rodean, con sus simpáticas recolectoras y la compañía de Isa hacen que sea nimia.
La vuelta, menos intrincada pero en el mismo denso y desordenado tráfico, es algo más corta.

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