…a nuestro encuentro Davin con una simpática canadiense, Robbie, y hacemos una expedición de dos motillos por carreteras secundarias para que vean Batur y nosotros otra vez. El paisaje nos va llenando de belleza y la parada en un tenderete muy local, lleno de moscas, nos facilita un descanso acompañado de café y brochetas de pollo, todo un lujo.
Sintonizamos con el vendedor que nos indica, en contra de lo que nos había dicho un guía, el camino más corto. Tan bonito como ayer y sin negras nubes con lo cual continuamos al norte buscando la costa. Paradita en otro garito inmundo con comida rica pero al no preguntar precio antes de comer nos cuesta lo mismo que si lo hubiéramos hecho en un restaurante, no aprendemos. Por fin la costa, con sus playas y palmeras que recorremos hacia el este para completar el circulo de vuelta a Ubud.
La cena en un romántico restaurante a la luz de las velas.Hoy nos vamos solos a recorrer las zonas turísticas.
Empezamos por Senur, menos mal que no hemos venido aquí, es un conjunto de hoteles en la playa que tampoco digamos vale mucho. Kuta, plagada de australianos me recuerda el Torremolinos de los 60. Aún así nos bañamos en una de sus playas, la más próxima al aeropuerto y podemos contemplar su movimiento y como parecen zambullirse en el agua, justo encima de algún bañista, los enormes jumbos y 330.
Encontramos un garito agradable para deleitarnos de los sabores de este país y emprendemos camino hacia el oeste. Es hora de mucho tráfico y parecen enjambres de abejas para entrar a la colmena al atardecer, me abro paso metiendo rueda y codazos, son muchos años conduciendo moto en Madrid y los hago valer. Llegamos a Pura Tanah Lot, el templo más visitado e importante de Bali, atestado de locales y guiris, salimos corriendo de los tópicos orientándonos por el sol así que cuando se pone, paramos a tomarnos un juguito con tostadita de chocolate, leche condensada y … ¿queso rallado?, está buenísimo. Creíamos que era lo mejor del día pero no, encontramos una fiesta local en un templo de un pueblecito y disfrutamos de algo suyo, no preparado para turistas. Siempre acontecen cosas bonitas al lado de Isa. No llegamos para ver el espectáculo de danza balinesa en Ubud así que lo dejamos para cuando volvamos por aquí. A las diez no es fácil encontrar un restaurante con nuestros patrones pero conseguimos que cierre más tarde el que nos gusto y no nos defraudó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario