Es un montículo lleno de rocas, con algún enorme baobab y varias acacias secas. Poco antes de llegar tenemos nuestra primera pelea con la arena, lo solucionamos con la pala que lleva el coche. Como hemos llegado con tiempo y el entorno es tan seco y árido, decidimos no quedarnos a dormir allí y seguir hasta Gweta, son unos 80 kms pero por caminos difíciles, unas veces de tierra y otras de arena muy suelta.
Cuando llevamos algo menos de un tercio del recorrido nos encontramos a un local, en medio de la nada, con su coche averiado, demasiada carga ha roto el tren trasero y, como va al mismo destino que nosotros, decidimos llevarle.
Una preciosa luna, a punto de llenarse si no lo está ya, nos va descubriendo caminos arenosos que se bifurcan y juntan de manera caprichosa y nos llevan, después de bastante tiempo, a Gweta.
El Gweta lodge es bastante caro y nos inclinamos por el Planet Baobab, en las afueras de la población. El sitio es muy bonito pero sólo queremos descansar y disfrutar de una duchita caliente.
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