sábado, 30 de abril de 2011

En Bangkok ……

…… de nuevo. En el trayecto hasta el aeropuerto, convengo con Sharka, una jovencita checa que había conocido ayer, encontrarnos en el hostal donde tengo reservada habitación y compartirla. Amaia sigue viaje a Hong Kong.El día lo completamos intentando encontrar ambiente por el barrio chino, donde cenamos, y con masajito reparador.
Ayer viernes paseo solito por la zona,comemos juntos y a la tarde, después de un recorrido por elrío, nos separamos y me voy a caminar por sitios entrañables, el puente del mausoleo con atardecer nublado pero precioso, el mercado de flores con ese barullo y explosión de colores y olores, el mercadillo nocturno donde me pongo las botas comprando más y finalmente, al elegir un camino distinto para la vuelta, me encuentro un rastro en pequeñito que me deleita y repito con Sharka, ya estaba en el cuarto y se anima a verlo. A la cama pasada la una, inusual para mí en este viaje. Las calles de esta ciudad siguen llenas de personas dejadas de la fortuna, durmiendo a la interperie en oscuras calles, entre roedores e indeseables insectos.Hoy, después de bastantes horas por el mayor mercado de esta ciudad Jatujat, nos perdemos y aprovecho para volverme al hostal y pegarme con el netbook hasta que consigo poner al día el blog. Una vez subido parte del contenido a la red viene Sharka y vueltecita nocturna previa al masajito, aún no sé cuándo volver a Europa.

miércoles, 27 de abril de 2011

El hostal ……

…… Mingalar está en Nyaung Shwe y, a pesar de no figurar en la Lonely, está genial, bien localizado y con un desayuno pantagruélico. El lunes amanece lluvioso, en un paréntesis alquilamos unas bicis y, por un encharcado camino de cabras, nos vamos hasta Maing Thauk, en la orilla este del lago, penosa subida, completada a pie, hasta su monasterio desde donde las vistas son geniales y vertiginosa bajada por su pendiente y condiciones del camino. A la zona ribereña de la aldea, de casas sujetas por postes sobre el agua, se llega por un precioso y largo puente de madera y desde allí en botes. La lluvia no nos impide disfrutar de un recorrido por los canales y aguardamos la escampada en un restaurante local comiendo unos platos que me resultan deliciosos. En el camino de vuelta, chaparrón y visita de las bodegas más famosas del país. Ya en la ciudad, los dulces de un garito nos capturan y terminamos el día de cháchara con un grupo de guiris que se alojan donde nosotros.
La mañana del martes, sigue lloviznando, la gastamos con mercadillo y preparándonos para salir hacia Shwen Yaung (cruce de carreteras con mercadillo local) donde tomamos un bus con aire acondicionado (increible pero verdad) hacia Yangon. Se repiten las paradas en sitios peculiares que ya conocemos y llegamos a las 4 de la mañana. Grata acogida en el hostal con un reparador desayuno. Maratoniano día, paseo por el cercano mercadillo de Pazundaung (visita muy diferente a la de hace casi un mes probablemente por ser miércoles en lugar de domingo, ahora nos parece enorme y bullicioso), compras, compras, compras en el mercado de Bogyoke Aung San y todo preparado para volar mañana hacia Bangkok, la aventura de Myanmar ha terminado.




domingo, 24 de abril de 2011

La mañana ……

…… del domingo la disfruto viendo a una pareja de australianos haciendo magistrales ejercicios de yoga (son monitores desde hace más de 10 años) y gente (mayoritariamente mujeres) acarreando agua en bidones y cubos para lavar las imágenes y limpiar el monasterio, tengo el presentimiento de que algo bonito se aproxima. La primera parte del recorrido no lo es, paisajes áridos y un tramo grande por camino (ellos lo llaman carretera) de guijarros, los crocs que he traído no es el calzado más apropiado. Se confirman mis buenas vibraciones, al coronar la última colina se ve el enorme valle de Inle Lake con sus arrozales de multitud de verdes y el agua, acumulada remansando o zigzagueando por los canales. A la bajada el paisaje se vuelve como yo lo había imaginado en este país, calor muy húmedo y vegetación exuberante donde deben habitar multitud de reptiles que no se ofrecen a la vista. Pagamos, en un cruce de veredas donde nos espera un local con su ciclomotor, el impuesto a los guiris, 10 dólares, que se le va a hacer. En un canal de Taungbogyi tenemos a nuestra espera un bote típico que nos lleva a los cuatro, más una pareja de franceses, en un precioso recorrido por el lago hasta el atardecer, la despedida de nuestro guía Tuenty (ni idea de cómo se escribe) ha sido muy emotiva, es el yerno de Sam y un tipo estupendo que compagina su trabajo con la enseñanza de niños provenientes de las aldeas cuyos padres bastante tienen con prescindir de la ayuda que representan los que van a enviar a una ciudad como Kalaw, donde van a tener alojamiento, educación y alimentos subvencionados por gente como Tuenty.

sábado, 23 de abril de 2011

Viernes ……

…… primer día de caminata hacia el sureste, precioso recorrido que empieza en un lago próximo y termina en una aldea donde dormimos. Memorables la ducha en el campo con un cacito y a oscuras, la cena en familia y el té con aperitivos en casa de los vecinos. Somos la atracción. El segundo día del recorrido se alternan bonitos paisajes, escondidas aldeas y tramos de vía ferroviaria, ahora comprendo porque saltan tanto los vagones, la vía es de travesas de madera y cada tres o cuatro de hormigón …… En la estación a la que llegamos pruebo el lassi, un preparado frío y muy dulce de leche y yogurt de origen indú, paro en el segundo por vergüenza. La noche en un antiguo monasterio de madera con otros cuatro guiris, una experiencia sin electricidad y sacando agua del pozo con una bomba manual para ducharnos con cacitos.


jueves, 21 de abril de 2011

Nuestro último día ……

…… en este místico lugar los compartimos con dos chicos argentinos, hermanos, que llevan viajando casi un año y al mayor Mariano le queda otro. Es la tónica de este viaje, toda la gente que conocemos está de viaje por Asía y Oceanía por más de un año. La cena la hacemos en un grupo amplio. A las 3.30 nos recoge un autocar japonés de los años 60 que va hasta los topes y tarda 11 horitas de nada en llegar por carreterucha de montaña a Kalaw, sin comentarios. En destino, por este orden, alojamiento, info de los trekkings e itinerarios y cenita. El hostal muy bien, no así la gente que informa, me dan malas vibraciones y comprobamos un par de agencias más. Los primeros eran los más caros y como el último, Sam, también cuenta con buenas referencias nos decantamos por él. Lo comentamos con una pareja, Karnit británica y Ben australiano, que también se decantan por Sam y rebajamos el precio.
El miércoles lo dedicamos al mercadillo local, hoy es un día especial porque bajan de las aldeas a mercadear en la ciudad, a recorrer sus alrededores y comprobar, una vez más, la bondad de esta gente, mucho más importante para mí que todos sus templos juntos. En el del Buda de bambú nos reciben con el consabido té verde y unos deliciosos dulces, unas tres mil fotos con ellos, acabando con los cachorrillos que muestran orgullosos los pequeños. La siguiente visita es a unas cuevas donde han quitado todas las estalactitas para colocar imágenes de budas, está bien porque nos ayuda a desistir visitar Pindaya que está lejitos y cuyo atractivo es visitar una cueva enorme donde han hecho el mismo sacrilegio, nos perderemos la manufactura de sombrillas y sombreros de bambú pero no se puede tener todo. A cambio, el jueves hacemos un trekking (paseíto) por la zona norte para visitar un par de aldeas, subir y bajar en paisajes rurales, junto a una pareja de tejanos y Karnit y Ben.





domingo, 17 de abril de 2011

Tren ………

……… o caballitos de feria. Teníamos billete de “upper class” por probar otra cosa diferente, era la mejor posibilidad y aunque sólo había tres butacas por fila, lo desvencijado de éstas y los saltos del tren hicieron imposible dormir. Salimos con una horita de retraso lo que nos permitió degustar algunos dulces de coco junto con las dos chicas suizas y el chico boliviano con los que compartimos el taxi para llegar a la estación. A la llegada de madrugada, el viaje fue desde las 22 hasta las 5, el control de peaje, los guiris tienen que pagar 10 dólares al llegar para que no se escapen. En el Winner, nuestro hostal, nos encontramos con toda la gente que habíamos ido conociendo desde el principio. Nos juntamos con un francés de origen argelino y con Michelle, una francesita que nos acompañó a Pyin oo Lwin. Nos enseñan los templos que ellos conocieron ayer dentro del entramado de miles de ellos, el paisaje es excepcional igual que el atardecer subidos en uno de ellos. Las mejores salidas y puestas de sol dicen que son de septiembre a noviembre pero para nosotros se convierte en una obligación buscar un punto alto y tranquilo para observar el atardecer desde lo alto de alguno de los templos. Los caminos con las siluetas de ellos en la penumbra con la música de nuestras bicicletas será un recuerdo inolvidable. El sábado recorrimos los templos que nos parecieron interesantes hasta Old Bagan. El domingo ampliamos el radio de acción hasta New Bagan, nada más salir ya teníamos nuestro primer vendedor de pinturas. Tempranito pudimos contemplar una preciosa vista del río desde un lujoso restaurante al que no sólo nos permitieron entrar sino que nos deleitaron con un té verde con sus correspondientes cacahuetes tostados, un encanto, esta gente realmente lo es.
Para confirmarlo, en la siguiente pagoda celebraban el nuevo año y nos obsequiaron con una bebida que preparan en un bidón vacío con agua, hielo y un jarabe que me recordó al de moras. Ese día le tocó el atardecer desde Buledí, el templo desde donde lo vimos el primer día en Bagan, el más turístico estaba apestado y no es lo mismo. Allí compre un par de pedruscos que simulan un rubí y una truquesa, ya veremos. Completamos el día cenando con una pareja belga aunque ella nació en Argentina y se crió en España, Amaia practica su francés y yo mi castellano.


jueves, 14 de abril de 2011

Mandalay ……




…… de fiesta. Sigo en bañador con camiseta y nos planteamos recorrer algunos puntos que nos parecen interesantes. Somos conscientes de que casi todo estará cerrado pero con Amaia no se puede parar. Hacemos un recorrido al lado del río y conseguimos encontrar, después de mucha búsqueda, el monasterio de madera más antiguo y entrañable de los que he visto hasta ahora. El más anciano de los monjes se muestra especialmente amable y nos lo enseña junto con sus más preciados tesoros. Después, encontramos una entrañable pareja de ancianos de la que nos sorprende su elevado nivel de inglés. Seguimos entre ataques con agua, sobre todo de los niños que son los que parecen disfrutar más, y encontramos el cerrado mercado de jade pero con algunos tenderetes abiertos, nos hemos perdido su vibrante actividad pero algo hemos visto. Al lado, algunos artesanos puliendo ese material y hasta curtidores de piel. Para terminar el paseo por el suroeste los talladores de budas, espectaculares con el mármol.
Disfrutamos un juguito de caña reparador contemplando el espectáculo callejero, un grupo de peques arrojando agua en la acera de enfrente con dos niñas (calculo de 5 y 8 años), especialmente graciosas, subidas en un improvisado escenario siguiendo el ritmo de todo tipo de canciones, a nuestro lado, el dependiente que nos había servido el jugo, un jovencito cabroncete con una especial habilidad para arrojar agua de forma totalmente inesperada y certera nos sorprende y hace reír con cada disparo. Habíamos planeado ir al noreste atravesando la ciudad en taxi-moto y lo acordamos con un par de ellos, para aprovechar el viaje le pedimos que paren en una de las tiendas donde te enseñan cómo machacan el oro hasta conseguir finas láminas que venden para pegar en los budas de las pagodas. La parada se convierte en destino, cosas de taxistas. Caminamos entre la vorágine de agua hasta que a Amaia se le ocurre empezar a preguntar a algunas de las furgonetas abiertas que recorren la ciudad, cargadas de críos y agua, empapando a todo el que se encuentre alrededor. En una se complacen con que subamos con ellos y comienza un recorrido de unas tres horas tirando con cacitos el agua que llevan en un enorme cubo refrigerada por una barra de hielo.
Tiramos tanto como recibimos entre risas y gritos, el conductor se detiene o reduce la marcha cuando nos aproximamos a un punto donde hay mangueras o mucha gente contra nosotros …… toda una batalla. Les habíamos pedido que nos llevasen a la colina de Mandalay en el noroeste pero en su lugar nos enseñan preciosas vistas de todo los alrededores. Al final les pedimos que nos dejen cerca del hostal para poder ducharnos y preparar la marcha de tren nocturno. Esta gente es un encanto. Atravesamos calles inundadas donde los ciclomotores se paran porque el agua llega a la altura del motor. Realmente divertido.

miércoles, 13 de abril de 2011

A mojarnos ………

……… hoy miércoles, primer día de su celebrado y pasado por agua fin de año, nos programamos una escapadita para ver una ciudad que los británicos tenían para huir los calores de la época seca, está al este de Mandalay, Pyin oo Lwin. El transporte es muy local, en furgonetas abiertas en las que la gente va en la caja trasera o en el techo de chapa que cubre éstas. Yo elijo arriba y acierto porque tan alto rara vez llegan con los cubos de agua que arrojan en todo el recorrido, no así a los que van abajo que, desde los primeros minutos del viaje de dos horas, van empapados y sonrientes. Yo les provoco para que me mojen pero en pocas ocasiones lo consiguen. A la entrada de la ciudad hay que descender del techo y ahí empieza realmente la batalla de agua, nos encontramos a merced de mangueras y cubos de agua.
No nos bajamos hasta llegar a la terminal de buses lo que hace que tengamos que buscar transporte hasta el centro. Huyendo de los terribles taxistas nos encontramos a un paisano que se ofrece a llevarnos a los tres con él en la cabina de su destartalado cacharro, todo un poema. Paseamos viendo sus casas que conservan alguna reminiscencia de arquitectura colonial junto con el toque peculiar de estos chicos, el mercado e incluso uno de sus hospitales. En la comida nos deleitamos con la habilidad de estos chicos para arrojar agua a todo el que pasa, nosotros ya llevamos bastante tiempo chorreando, como es natural el guiri es un objetivo prioritario. La vuelta, también en el techo sobre unos bidones de aceite de cacahuete, es memorable con parada oficial y otras muchas para subir y bajar gente, en un paisaje de montaña por una bacheada carretera encapotada de árboles cuyas ramas han sobrevivido gracias a su altura a las embestidas de los camiones más grandes. Mandalay es un desparrame de agua.

martes, 12 de abril de 2011

Casi que vamos ………

……… a echar de menos la brisita en los botes. El calor en Mandalay es fuertecillo y caminar por sus calles, atestadas de motillos, coches, bicis y todo lo que pueda ayudar a desplazarse, se hace una dura tarea, solo soportable con la ayuda de unos litrillos de jugo de caña. Ya sabíamos que del 13 al 17 es el water festival, cuando ellos celebran el fin de año y comienzo del siguiente. Tambien sabíamos que afectaría a nuestro viaje en términos de programación, alojamiento y desplazamientos asi que cuando vimos que definitivamente no podríamos visitar Monywa y deberíamos renunciar a ir desde Mandalay a Bagan (según todos los comentarios un tramo maravilloso) no nos hizo llorar demasiado. Ayer lunes disfrutamos de las ciudades que rodean Mandalay, especialmente Amarapura con su puente de teka que nos deleito con una puesta de sol y un colorido verde y marron del rio deslizándose entre los arrozales.
 El domingo lo terminamos subiendo a la colina de Mandalay desde donde otro atardecer birmano, nos ayudo a aliviarnos de la penosa subida y el recorrido andando para atravesar la ciudad de una punta a otra. Esta chica no se da cuenta de mis limitaciones.
Hoy, después de la infructuosa búsqueda del mercado de jade, hemos alquilado un bote entre cuatro guiris para subir por el rio hasta Mingun, señorial paseo en bote privado, sentados en hamacas, vistas y atardecer en línea con lo habitual y juego al escondite, con éxito, con los guardias para evitar el pago de la entrada ¡buenos nos hemos juntado!. Esta noche la cena en el indu (un garito en medio de la calle, con taburetes, moscas y coches pasando al lado) ha sido memorable. Ahora a disfrutar del wáter festival, a ver como nos ponen de agua estos chicos.

lunes, 11 de abril de 2011

La experiencia ……

……… del ferry única. Un antiguo carguero chino, que sigue siendo un carguero aunque lo atesten de gente mezclada con los paquetes. Nosotros disfrutamos de la clase privilegiada, por nuestra cabina y por la simpatía y cariño que nos provee esta gente, no solo hay Quijotes en España. El primer tramo desde Bhamo hasta Katha trascurre en unas catorce horas de las cuales casi cuatro se utilizan en maniobrar para esquivar los arenales de la salida, es un carguero y el rio tiene muy poca profundidad. A unas 40 millas aparece una cordillera que el rio ha partido y esta gente ha poblado de pagodas. Precioso. El dulce deslizar del barco, casi ausente de ruido, hace que las horas pasen en una tranquilidad que se agradece porque en tierra el calor debe de ser agobiante.
Desde Katha la noche se nos echa encima y vemos la puesta de sol desde la cubierta superior (que bien suena, tendría que haber conseguido poner fotos del barco). Amanece sobre las 5 horas locales y nos levantamos para ver la salida del sol sobre el rio. Despues es imposible volver a la cama, esta gente esta en plena actividad y en su deporte favorito, echar porquería al rio. En un momento dado, no tenemos ni idea de cuando vamos a llegar a Mandalay, en teoría era sobre las ocho de esa n oche pero bueno, las cosas son como son y los españoles sabemos bastante de eso. Nuestra idea era bajarnos antes de Mandalay pero las horas de llegada a Chiaomiau (dudo que ellos lo escriban asi pero onomatopéyicamente creo que esta correcto), con noche cerrada sin un hostal a la vista hasta Shwebo, a tres horas de camino, nos decide a desistir de visitar Monywa y seguir hasta Mandalay donde llegamos sobre el mediodía del domingo. El viaje ha sido genial, hemos tenido hasta intriga.

viernes, 8 de abril de 2011

De Sinbo ……



…… hasta Bhamo es el recorrido, en un bote más pequño y abarrotado que el anterior, bastante más interesante. El paisaje ha cambiado, más agreste y se ven muchos mineros que individualmente lavan la grama buscando gemas y diamantes principalmente. Son ocho horitas deliciosas en las que el sol quema pero la brisa del bote, vuelvo a ir en proa, lo disfraza. La llegada a Bhamo, a pesar de la multitud nos transmite buenas vibraciones que se materializan con el mejor hotel de toda mi experiencia asiática Friendship (amistad), realmente hace honor a su nombre.
Enseguida nos damos cuenta de lo triste que va a ser dejar esta ciudad pero el ferry sale mañana viernes y no hay otro hasta el lunes. Existen muchas posibilidades para visitar desde aquí pero no tenemos tiempo. Compramos los billetes para el barco, esta vez, temiéndonos una versión sobre el agua de la experiencia del tren y, considerando que estaremos en él al menos día y medio, nos decidimos por “upper class” en vez de cubierta, dispondremos de una cabina doble para nosotros solitos, el precio dice todo, de 9 a 54 $.


Completamos el día con una cena viendo el atardecer sobre el río y mucho jugo de caña.
Continuo con muchos problemas de conexion y de acceso al blog. No puedo contestar a los comentarios ni subir fotos. Seguire intentando y en el peor de los casos ya lo hare en Tailandia.

jueves, 7 de abril de 2011

Ayeyarwady ……

…… es el río que desciende desde muy al norte y recorre todo el país hasta llegar al mar de Andaman. Hoy miércoles comenzamos a descender por él en el bote que abordamos después de desayunar en el garíto de Kyaw, en el tuc-tuc que nos busca y al que acompaña y conduce el último tramo para llegar a tiempo. Se queda con nosotros hasta que, una hora después de la prevista, zarpamos. Mi primer día en este río lo paso en proa, intentando no perderme ni un solo recodo, son 9 horas de navegación que nos llevan, entre bancos de arena y zonas rocosas, por sus marrones aguas, hasta Sinbo, una pequeña aldea muy próxima a la frontera china. Recorremos sus perpendiculares callejas junto con una pareja israelita que hemos conocido en nuestro anterior hostal y con la que compartimos gastos. El hostal, al que llegamos conducidos por una dulce y sonriente jovencita, es bastante básico por utilizar un calificativo suave. La dulzura de la jovencita desaparece una vez instalados, no así la de la que parece su hermana que forma parte de su rostro.

miércoles, 6 de abril de 2011

Myitkyina ………


…… con mucho alboroto, el hostel recomendado estaba lleno pero allí cerquita había un antro con nuestro nombre en una habitación, bastante malucho pero era sólo una noche. A la ciudad no le encontramos nada en especial y nos dedicamos a buscar cómo, cuándo y dónde el bote hacia Sinbo.
Una paradita para un café con porritas (no es coña, son unas frituras chinas hechas con harina de arroz, parecidas y con un puntito dulce que se llaman icha-que) nos hace conocer a Mr Kyaw-Win un chino que no para de repetir las mismas cosas en un inglés que me cuesta mucho entender, dueño del local donde hemos desayunado y de otro, al lado, que es un restaurante chino. Se ofrece, y acepto, a llevarme en su destartalado ciclomotor hasta donde se toma el bote y compran los billetes. El lugar no pasa de ser un chamizo al lado del río donde me enseñan el bote, una decrépita embarcación de unos 30 mts con asientos de hierro y techo de lona remendada con plásticos, el precio 10 dólares. A la vuelta de ver el barco con el capitán, Kyaw está dándole al aguardiente de arroz y me invita a unirme, un vaso es bastante, consigo convencerle después de un rato y hacemos los aproximadamente 15 kms de vuelta todo contentos. Solucionado el tema del transporte vueltecita para disfrutar del millón de sonrisas que esta simpática gente te dedica al verte pasar, seguimos sin encontrar nada especial a la ciudad así que buscamos masajito y jugo de caña. Encontramos las dos cosas y el primero dado por ciegos con una técnica aprendida de un japonés que se basa en puntos de presión.

martes, 5 de abril de 2011

La primera impresión …..



……. no sabría describirla, quizás el cansancio o el calor el caso es que dedicamos todos los esfuerzos en alojarnos, cambiar dinero y ver las posibilidades de subir al norte sin reparar en esos pequeños detalles que hacen que una ciudad te ilusione o no. Al día siguiente, después de un sueño reparador y un desayuno a juego, el paseíto por una buena parte de ella, sus gentes de domingo y todas sus peculiaridades hicieron que me gustase y aumentaron mis vicios, esta vez es el jugo de caña.
A la noche bus hasta Mandalay, diez horitas de nada desde una caótica estación de autobuses que parece puesta en el otro lado del mundo hasta otra no menos peculiar y amaneciendo. Me encantan estos retos. Pues no contentos con eso, nos pasamos por la estación de trenes y compramos un billete para el mediodía hasta Myitkyina (se pronuncia Michina) en el norte, relativamente cerca de la frontera con China (Yunnan), y, para más inri, como no quedaban asientos de “upperclass” (primera) viajamos las 20 horitas de nada en asientos de madera, con ventanas desvencijadas y toda la prole de desheredados de este país que tiene que desplazarse en el medio más económico, el tren, y si no quedan asientos pues donde sea, incluso en el techo.
 Volvemos a sentir cómo el que menos tiene es el más dadivoso, el más abandonado el más solidario, bueno, todas esas cosas que conocemos de la gente sencilla que no hace mucho estábamos así. Y mañana empieza la aventura, bajar en río todo el camino que hemos recorrido hasta hoy y disfrutar a tope.
No puedo añadir fotos ni contestar a los comentarios, sin comentarios.

sábado, 2 de abril de 2011

Nada especial …..

……. que hacer el jueves hasta la noche, así que paseítos por lugares donde colorido, olores, sabores y todo tipo de sensaciones me devuelven a tres años atrás. Sigo erre que erre con las comidas y cae otro masajito antes de que vaya a encontrarme con Steen, un amigo de Amaia y ambos esperemos su llegada. Se me había olvidado recordarle que hacían falta dos fotos y una fotocopia del pasaporte para tramitar el visado pero en esta calle y en esta ciudad se pueden conseguir tantas cosas aunque sean las once de la noche. El viernes corriendo al consulado a tramitar la visa que la entregan por la tarde dos horas y media antes de la salida del vuelo. No contábamos que el famoso sky tram (metro) y el nuevo ramal de tren tardasen más de hora y media en llevarnos hasta Suvarnabhumi y perdemos el vuelo. En coche aún estaríamos en el atasco. La pereza por ir de vuelta a la ciudad después del carrerón, tener que buscar alojamiento y volver de madrugada hace que nos decidamos por una noche bohemia en este aeropuerto, donde confluye todo el mundo y que no conoce el descanso. Exactamente lo que me pasó a mí que pase la noche en vela y espiando el ir y venir de todos. Embarcamos tempranito el sábado, después del desayuno cortesía de la Thai me ataca la modorra pero, debajo de mí, el espectáculo del golfo de Mottama, lo que se me antoja un mar de chocolate, hace que me mantenga despierto hasta el aterrizaje. A la llegada, todos los temores sobre los estrictos que pueden ser en aduanas y controles de pasaporte se revelan falsos. Todo corre deprisita y enseguida contactamos con el chaval que el hostal ha enviado a buscarnos. Cielo sin una sola nube y mucho calor.